Nota del autor: Ojo azul
Nota del autor publicada al final de Ojo azul (2024), traducida del coreano. Habla de la trama y puede desvelar el final.
En la universidad intenté escribir una novela río protagonizada por animales. Trataba de cómo conquistaban el mundo después de la extinción de la humanidad. Como el material en coreano no bastaba, me documenté hasta en artículos científicos extranjeros, pero me faltó constancia y no estaba seguro de la historia. Aunque llegué a hacer una sinopsis larga, al final lo dejé sin escribir una sola línea.
Mucho tiempo después, esta novela, en la que por fin aparecen animales, es la tercera que terminé de las ocho que escribí durante la marcha creativa. Desde niño me encantaba ver documentales de animales. Un día en que estaba absorto en la escritura, puse sin pensar un canal de documentales y me encontré con el licaón, que me causó un rechazo inmediato. Pensando en por qué me había producido esa impresión, surgió el armazón de esta novela.
Cuando escribo una novela suelo preparar una sinopsis de unas dos hojas A4. La de Ojo azul tenía solo dos hojas, sí, pero lo importante no era la extensión sino la forma: eran dos tablas, nada más. Una ponía en paralelo la crónica del «yo» y la de la dinastía de los perros salvajes africanos; la otra era el árbol genealógico de esa dinastía. Fueron mi brújula, y gracias a ellas no me perdí aunque escribía una media de más de 38 hojas de manuscrito al día.
La estructura alterna la historia humana y la de los licaones. Y hay un mecanismo escondido: en realidad, sus historias, la épica y la crónica de cada especie, son una metáfora de la otra. Puse ahí la pregunta de qué es ser humano, y también la idea de qué pasaría si el amor pudiera reiniciarse. Ojalá haya lectores que lo descubran con precisión.
¿Qué es un novelista? Puede ser alguien que cuenta las historias que la gente quiere oír. Pero yo no quiero ser ese novelista. No me puse como meta ser un contador de historias de gran talento. He contado lo que no se quiere oír, historias incómodas y dolorosas. Seguiré preguntando sin descanso si de verdad está bien vivir así. Quiero vivir como un revolucionario reñido con la corriente dominante.
Creo que el progreso y la creatividad empiezan por dudar sin reparos de lo que parece incuestionable. Despachar a quien duda como un incapaz, un vago, un borracho ignorante, un intelectual débil o un perdedor es la salida cómoda y perezosa. ¿Quién sabe si no es un profeta? Hay que tener la capacidad de juzgar, el oído fino, para distinguir si son excusas y quejas o si tiene razón.
La situación y el entorno del narrador pueden parecer excepcionales. Pero son universales. La frustración y la desesperación, la ruptura y el aislamiento, la apatía y la renuncia que traen consigo, la separación y la pérdida, el impulso de dejarlo todo e irse a cualquier parte: también nosotros los vivimos a veces. En África, el lugar que eligió para el final de su vida, el narrador pudo recuperarse después de mirarse por entero, no a los demás ni a los animales salvajes, sino a sí mismo como individuo solo.
Los recuerdos de la infancia, la vida social de la ley del más fuerte, la culpa que yace en el abismo e incluso los recuerdos de la persona amada fueron una violencia que lo atormentó. La violencia no está lejos. La propia existencia humana es violencia para la naturaleza. Nuestros prejuicios y los conflictos que generan también son violentos. Lo son la educación que alienta la competencia, las empresas que convierten a las personas en piezas, el capitalismo de nuevo rico que excita el deseo sin tregua. ¿Y tratar a los demás como medios?
La historia del progreso humano no debe seguir siendo una historia de violencia y barbarie. El sistema actual en el que el ganador se lo lleva todo, los cimientos pobres y frágiles ocultos tras el culto al crecimiento, ese sistema ridículo que pone en fila a las personas según sus notas hasta los diecinueve años y decide con eso su vida adulta, el materialismo, el lookismo, la devoción casi religiosa por la bolsa y el ladrillo: dentro de cien o doscientos años, si para entonces la humanidad sigue viva, ¿no parecerá todo esto una barbarie inmensa?
Escribir la novela me llevó menos de un mes. Pero la corregí durante mucho tiempo, y prepararla me llevó todavía más. Procuro escribir a partir de lo que he visto y oído en persona, pero por la covid tuve que renunciar a documentarme en Zimbabue. En su lugar, durante meses recorrí África de punta a punta con Google Earth. Llegué a poder ver la cuenca del Zambeze con los ojos cerrados.
Añadiré algunas notas al margen.
– A diferencia de mis novelas anteriores, casi todos los personajes están inspirados en personas reales.
– Lo confieso: yo nunca le pegué a Sang-tae. Pero su recuerdo todavía me duele.
– En el instituto estuve de intercambio en un colegio de Pekín.
– Mientras escribía esta novela, toqué cada día «I Giorni» del maestro Einaudi («Los días», en italiano).
«En la actitud humana hacia lo exterior siempre hay prejuicios. Los perros salvajes africanos que conocí en los documentales de naturaleza que tanto me gustaban no me inspiraban simpatía por su aspecto feo y su crueldad. Diez años después, cuando volví a encontrarlos sin prejuicios, se habían convertido en blanco de la caza furtiva indiscriminada y estaban en peligro de extinción. He tejido como urdimbre y trama la historia de un individuo humano y la de la dinastía de los perros salvajes africanos, y la violencia que las atraviesa.»
Esta novela fue seleccionada en 2023 por el programa de apoyo a la creación de contenidos de editoriales pequeñas y medianas. El párrafo anterior es lo que escribí en el apartado «intención de la obra» del formulario. Ojalá este programa, que busca garantizar la diversidad del ecosistema editorial e impulsar el crecimiento de la industria, continúe, para que los libros de autores sin nombre lleguen al mundo a través de buenas editoriales pequeñas y el ecosistema editorial se enriquezca.
En mis cuatro novelas anteriores usé la nota del autor como comentario para el lector. En este libro no quiero hacerlo. Parece que ni el comentario amable del propio autor sirve de mucho para evitar malas lecturas o convencer a lectores de otros gustos. Además, como mis textos recurren a menudo a la alegoría, incluso en el comentario es mucho más lo que escondo.
Así que, pensando qué escribir en la nota del autor, decidí contar sin solemnidad algunas cosas no demasiado pesadas sobre la escritura. A cambio, prometo responder con toda seriedad a quien tenga dudas sobre la novela, por correo electrónico, en redes sociales o en canales como el club de lectura en línea Geumeum.
Gimpo, 15 de enero de 2024.